POST-CONFINAMIENTO

POST-CONFINAMIENTO

Durante este confinamiento hemos tenido una mezcla de sentimientos y cambios de humor en continua mutación entre ellos.

Hemos vivido un cambio de rutinas radical y sin preaviso, con el miedo de un virus desconocido y con noticias diarias que nos provocaba inseguridad e incertidumbre, que junto a la inestabilidad laboral ha provocado ansiedad y desconfianza tanto del presente como de un futuro lleno de dudas e interrogatorios.

Dicho por expertos, nuestra mente no está biológicamente hecha para la incertidumbre y esto tiene consecuencias en muchos de los casos.

Si bien nuestro equipo Modashowroom no está especializado en temas relacionados con la psicología, coaching…nos gustaría hacer nuestro propio balance de las consecuencias personales que estamos experimentando a causa del confinamiento. Desde un profundo respeto y sin juzgar, os mostramos una realidad que todos en menor o mayor medida estamos viviendo, ya sea en familiares, parejas, amigos o incluso en nosotros mismos.

Las angustias, crisis de pánico e insomnio son muchas raciones que se pueden tener en estos momentos de grandes cambios.

Uno de ellos, ahora muy popular, es el “síndrome de la cabaña”: miedo a salir de tu hogar ya que es ahí donde te sientes protegida, siendo nuestra zona de confort, evitando el contacto social, creándonos una sensación de control y de tranquilidad. Sinceramente… ¿no hemos vivido este síndrome en alguna etapa de nuestras vidas?

Aun siendo parecido a la agorafobia, el “síndrome de la cabaña” no es un trastorno ya que viene siendo un conjunto de síntomas tras un periodo largo sin salir de casa que poco a poco van desapareciendo cuando volvemos a nuestras rutinas.

Otro comportamiento atípico que hemos podido experimentar es la misofobia, miedo a la suciedad, la contaminación y los gérmenes. ¡¡¡Ojo!!! Cuando decimos miedo, nos referimos a que se convierta en una patología, en una obsesión que nos limite en nuestro día a día. Está claro que todos hemos aumentado la limpieza tanto de nuestro entorno como de nuestro aseo personal, es por ello, que sin que se haya convertido en una fobia, hemos vivido cambios de hábitos por razones justificadas de salud y prevención.

Otras alteraciones de nuestras conductas se han visto reflejadas por ejemplo en los hábitos alimenticios: ¿quién no ha comido más durante el confinamiento empujado por el aburrimiento o la tristeza?

O también el abuso excesivo de la televisión o el uso de los videojuegos por los jóvenes y no tan jóvenes.

Otro factor que nos ha afectado a nuestro carácter ha sido el no poder estar con padres, abuelos, amigos, parejas. El no poder abrazar ni sentir la cercanía, el “piel con piel”, el contacto físico tan arraigado en nuestra cultura y que en estos meses lo hemos visto restringido, limitando nuestra capacidad de expresar cariño hacia nuestros seres queridos.

Pero no todo ha sido una fase de miedos y fobias.

Hemos tenido la oportunidad de hacer deporte, contactar con viejos amigos que nunca teníamos tiempo para hablar con ellos, ordenar el hogar, cocinar y poder leer aquel libro olvidado en alguna estantería. Aperitivos online con amigos a través de video llamadas. Estar más tiempo en familia y porque no con uno mismo. No dedicar tiempo al shopping porque realmente tenemos mucho y de más y darnos cuenta que en definitiva lo importante en la vida es la salud y los pequeños detalles como por ejemplo volver hacer pan con masa madre en familia o para ti.

Es verdad que, para las madres, padres, las familias monoparentales sin ayuda han tenido poco tiempo para sí, asumiendo todas las responsabilidades como el colegio en casa, el hogar, tele trabajo…Realmente han sido meses intensos de mucho desgaste tanto anímico como psicológico.

Ahora bien, también ha aumentado la solidaridad, la colaboración y un efecto positivo en el medio ambiente de sanación.

En esta cuarentena hemos conectado más con la naturaleza y con las ganas de volver a vivir en el campo, lejos de la contaminación y el ruido de la ciudad.

Este cambio de costumbres ha hecho darnos cuenta de lo demasiado rápido que estábamos viviendo. Hemos comenzado a valorar la importancia de saborear las pequeñas cosas (grandes cosas) y vivir con más calma. En definitiva, tanto lo bueno como la malo está siendo un aprendizaje tanto a nivel personal como social.

No queremos despedir este post sin dejar de mostrar nuestro cariño y respeto a todas las familias que se han visto tristemente afectadas por el COVID-19.

De una manera u otra, lo hemos intentado hacer del mejor modo. No ha sido fácil y es por ello que, a pesar de nuestras equivocaciones, miedos, fobias, cambios de carácter, es momento de ser más indulgentes con nosotros mismos y con el resto de la sociedad; porque todos, en mayor o menor medida, estamos viviendo esta “batalla”.

Os deseamos un verano sereno y de buenas sensaciones.

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